Amigo Invisible ¿Jugamos?.

Ha llegado diciembre y como cada año ya empiezan a verse las luces de Navidad colgadas en las tiendas y en las calles,… También vestimos las casas con guirnaldas, estrellas, calcetines y árboles de Navidad, naturales o de plástico y llegan las fiestas, las reuniones familiares alrededor de las mesas y, por supuesto, ¡los momentos de los regalos familiares!

En las familias más grandes varias generaciones se reúnen para pasar unos días juntos y desearse prosperidad, lo cual está muy bien hasta que llega el momento de repartir los regalos. Especialmente para las familias grandes, pero también para las pequeñas y más que nunca en estos tiempos de apreturas que corren,  hay que agudizar el ingenio para que no se dispare el presupuesto en la compra de los regalos. ¿Y si este año jugamos al “Amigo Invisible”?

Se dice que el juego del “Amigo invisible” tiene su origen en una antigua costumbre de Venezuela de entre finales del siglo XIX y principios del XX. Las mujeres venezolanas casadas o comprometidas no podían tener amistades, por razones sociales sólo podían tener compadres; por ese motivo decidieron que en las fechas navideñas se reunirían con sus amig@s para intercambiar regalos y así poder verse. Por aquel entonces, esta tradición conservadora se llamaba “Compadre de papelito” o “Compadre secreto de papelito”, y consistía en sacar de un recipiente el nombre de una persona al azar y ésta era quien recibiría su regalo. Con el paso del tiempo cambió de nombre al que ahora conocemos y pasó a realizarse también en los países vecinos por razones socioculturales.

Hoy en día este juego se ha hecho muy popular sobre todo en las comidas y cenas navideñas entre compañeros de clase y de trabajo y que, algunas familias, ya han adoptado como pequeña nueva tradición ya sea por ahorrar como por pasar un rato más divertido durante los cafés y turrones. ¡Y es que tener un pequeño regalo de alguien “desconocido” tiene más emoción!

Desde finales del 1.800 no han cambiado mucho las normas para jugar. Así se juega. Los jugadores deben conocerse entre ellos y al menos deberían jugar entre 3 y 20 jugadores para que nadie sepa quién es el regalador. Lo ideal sería que al menos unos 15 días antes todos los participantes se reunieran y el organizador colocara en un saquito, bolsa o bol, los papeles con los nombres de cada uno de los regaladores y que uno a uno cada participante cogiera un papelito. Parece muy sencillo pero, ¿y si cuando sacas el papelito te toca regalarte a ti mismo?. Pues entonces todos deberéis devolver el papelito al recipiente y sacar otro de nuevo hasta que todo el mundo tenga en su mano un nombre que no sea el suyo. Como cuando hay muchos jugadores esto se puede alargar mucho porque hay más posibilidades de tocarse uno mismo, y además, si ya resulta complicado encontrar una fecha para reunirse todos para comer o cenar, ¡como para ponerse buscar otra fecha que coincida para hacer el sorteo!, en Internet encontramos una solución.

Podemos encontrar páginas en Internet que nos facilitan cómo resolver de manera rápida el sorteo del “amigo invisible”. Sólo debemos poner los nombres de los que van a jugar, así como sus mails respectivos, y estas aplicaciones se encargan de enviar un mail al regalador con el nombre de su amigo; además puedes especificar que haya personas que no se regalen entre ellas, por ejemplo en el caso de parejas o gente del círculo que no se lleve muy bien.

Para ponerle más emoción al juego, desde el día de la recepción del nombre hasta la entrega del regalo se pueden enviar cartas anónimas al regalado con bonitos sentimientos o pensamientos sobre la persona y que pueden, o no, dar pistas sobre quién es el regalador; si lo hacemos con los de casa, las notas se pueden sustituir por hacer cosas del hogar que normalmente haga la otra persona o se le puede hacer “favores”, como por ejemplo, encontrarse el desayuno preparado al levantarse o las comidas hechas un día, un postre especial otro día, la cama calentita con una bolsa de agua caliente, el perro paseado… Se trata de hacer sentir especial a esa persona en estas fiestas y no hace falta gastarse mucho dinero.

Cuando llegue el día de la entrega de regalos cada uno irá abriendo su regalito intentando averiguar por las caras de los asistentes cuál de ellos es su amigo invisible. Unos bombones, un surtido de turrones, una manualidad hecha por los pequeños de la casa con cariño, un marco con una foto muy especial para la otra persona, unos calcetines, una bufanda para protegerse del frío, un juego de cartas, etc. son regalos que todos podemos disfrutar e incluso algunos de ellos compartirlos con el resto de la mesa. ¿Os animáis a probarlo vosotros este año?

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